| |
Las Homilias de Padre Gary

9 de junio de 2013
X semana de tiempo ordinario
Desde mi pequeñez, he tenido una devoción a San Antonio de Padua, el Santo Patrón de las cosas perdidas. Y fui el primero de mis compañeros de escuela en usar lentes, cuando estaba solamente en tercer grado. Me odié de tenerlos y me los quitaba luego luego después de la escuela, por lo tanto siempre estaba perdiendolos. Mi mamá me enseño una oración a San Antonio para encontrarlos, y si, los encontraba. Entonces, cuando recibí la confinación, escogi a San Antonio como mi santo patrón de confirmación. Y cuando el Arzobispo me nombro como pastor de esta parroquia, sentía muy contento aun antes de venir, por el nombre de la parroquia. Y también con mucho gusto fui a Italia con casi 50 parroquianos por la ocasión de celebrar los cien años de la parroquia, y fuimos a la Basílica de San Antonio en Padua y celebre en una misa en Italiano. Pues, yo estudie por varios meses el italiano antes del viaje, y al final de la misa dije en italiano que éramos un grupo de americanos, de la Parroquia de San Antonio en Renton, WA celebrando los cien años de la parroquia. Después el párroco dijo, “Mira, que bonito el Padre americano nos habla en italiano con un acento de español.”
Este día celebramos el día de nuestro santo patrón, San Antonio. San Antonio fue un predicador al mismo tiempo muy fuerte y muy suave. Este es uno de sus dichos: “El cuerpo tiene vida por el alma y el alma tiene vida por Dios.”
Este dicho, de “El cuerpo tiene vida por el alma, y el Alma tiene vida por Dios” es una manera adecuada para entender mejor el significado de las lecturas de hoy. Esto es lo que quiero decir:
No es fácil a veces, vivir en nuestros cuerpos, todos tenemos que sufrir de una manera u otra. En las lecturas de primer libro de los Reyes y en el evangelio de San Marcos, encontramos un nivel de sufrimiento lo cual es quizás lo más profundo en las épocas bíblicas. Es el sufrimiento de una viuda al perder también a su hijo. Sabemos que sería difícil para cualquier persona perder un hijo. Sin embargo en el tiempo de Jesús, fue aun más difícil para una viuda perder su hijo. ¿Por qué? Porque la mujer tenía en aquel tiempo identidad solamente por su esposo, o en él a caso de la viuda, por su hijo. Sin un varón en la casa las viudas en las dos lecturas no tenían seguridad ni ninguna posición de honor en la comunidad, no tenían nada, sin esperanza de un futuro mejor.
A lo mejor hay por lo menos una persona que está sufriendo en una manera similar de las viudas en las lecturas, uno que este presente en esta misa que siente que no tiene una esperanza de un futuro mejor. Y si no, hay una persona se siente así, estoy seguro que hay alguien aquí presente que conoce una persona que está en su punto más bajo de la vida. Hay buena nueva para los que creen que no tienen nada. La buena nueva de la biblia es Dios que puede crear algo nuevo de nada. Cuando estamos en el momento más bajo de la vida, cuando parece que no tenemos nada, es precisamente cuando Dios, actúa. Muchas veces solamente podemos ver las obras de Dios con el tiempo.
El punto más bajo en mi vida personal fue cuando yo tenía solamente 29 años. Sufrí la perdida de tres personas importantes en mi vida. Primero, en Septiembre de 1985, unos meses antes de me ordenación diaconal un amigo mío un seminarista murió. Fue enterrado en el día cuando cumplió 21 años y fue la primera vez que tuve que enfrentar la muerte de un amigo cercano de mi edad. En octubre de 1986, cuatro meses después de mi ordenación sacerdotal, mi papa de solamente 54 años de
edad se murió de repente. El noviembre de 1987 un amigo sacerdote murió en un choque y yo estaba manejando atras de él, entonces vi el accidente y fui la primera persona ver que ya estaba muerto. Dos semanas después, sentía el luto más profundo de mi vida, lo sentía en la parte más honda de mi corazón, una pena tan fuerte que no habia tenido antes nunca jamás, ni desde entonces. Estaba solo, y no sabía qué hacer entonces, llamé a mi mamá y ella me dio un consuelo tan bonito, aunque tenía solamente un poquito más de un año como viuda. El año pasado, cuando estaba en el retiro de 30 días, estaba rezando y recordando todos estos eventos de mi vida y el Señor un su manera suave y misericordioso, me dio el don de saber que en el momento cuando estaba recibiendo consuelo de mi mamá, también mi papa, que ya tenía un año muerto, estaba conmigo un una manera espiritual. Aprendí 24 años después del evento, que Dios estaba siempre conmigo en maneras que yo no siempre puedo ver o reconocer. Fíjense que la viuda de la primera lectura quería echar culpas al profeta Elías por que el fue de otro lugar del Dios diferente de su tierra. Mira, que fue por Dios que hizo todo de nada, que soplo la vida a Adán, también por el profeta soplo la nueva vida a su hijo y también soplo nueva vida en mi alma el año pasado. Este es el mismo Dios que por el Espíritu Santo soplo nueva vida sobre todos nosotros en esta santa misa.
Cuando sentimos que no tenemos nada, que no hay un futuro, recuerda la historia de las dos viudas, recuerda que el mismo Dios que hizo todo de nada, puede hacer nueva vida de nada, que el Padre Dios que nos mando a su único hijo para darnos su amor en esta vida la vida eterna para la próxima, también, derramó el Espíritu Santo a nuestras almas a través de los sacramentos. Siempre nos da su gracia en abundancia aun más allá de nuestra capacidad de ver y sentir y conocer la. En este día de San Antonio proclamamos nuestra fe en nuestro Dios que hace siempre todo nuevo.
12 de mayo de 2013
Solemnidad de la Asunción del Señor
Hay ciertos momentos en los que se destacan en nuestras vidas, momentos que nunca olvidará. Uno de los que para mí fue cuando yo era un tío por primera vez y yo tenía sostenido en mis brazos a mi sobrina, Jennifer. La miré y ella me miró. Cuando se conectan los ojos sentí una emoción muy dentro de mí, algo que es difícil de describir y, sin embargo yo sabía que era uno que era un momento único. Sostenido los otros sobrinos y sobrinas que siguieron en mis brazos por primera vez, fue también un gran regalo. Sin embargo, esa primera vez que se destacó y no hay manera de que me podía hacer sentir repita. Con el nacimiento de Jennifer, me convertí en un tío y yo sabía que mi vida había cambiado, o evolucionado. Tal vez ustedes que son tíos tenido una experiencia similar. Yo creo que son los padres, especialmente las madres en el Día de las Madres que saber lo que estoy hablando, incluso en una forma más personal e intensa.
En esta época del año para los católicos celebran esos momentos en nuestras vidas evolucionan a algo nuevo. Primeras comuniones, confirmaciones y bodas pueden tener el poder de ayudar incluso a los que hace mucho celebran los sacramentos que se fortalecen y renuevan en ese compromiso. Varias personas mencionaron a mí después de nuestra celebración de la confirmación el mes pasado que se sentían como si estuvieran confirmados de nuevo. Momentos como ese tiene poder para cambiar, para ayudarnos a ascender a un mayor amor. El viernes, me concelebrada en la boda de uno de nuestros graduados de la escuela San Antonio, Gabriela Motola y se me ocurrió que en el sacramento del matrimonio, Dios toma la hermosa amor humano de Gabriela y su nuevo marido, Mike y sube, a un nuevo nivel, al nivel de ser un sacramento. En la medida en que una pareja casada está unida en Cristo, es en la medida en que el amor de dos personas que están ahora en una sola carne se unen en Cristo, es en la medida en que su amor espiritualmente ya tiene una morada en el cielo.
La solemnidad de la Ascensión que celebramos hoy quiere decir que la resurrección de Cristo es mucho más que un cuerpo muerto levantarse y caminar. Con la resurrección, Jesús se transformó y evolucionó a una dimensión diferente, más allá del tiempo y el espacio, al reino del Padre. La muerte no tiene poder sobre él. La Ascensión es la siguiente fase de la resurrección. Una vez que él se levantó de la muerte, tuvo que ascender más allá de nuestra vista, para que podamos participar de su vida divina. La raza humana ha cambiado para siempre, porque como miembros del cuerpo de Cristo, nuestra carne humana es ya una parte de la gloria del Padre. Cristo, nuestra cabeza ya está ahí, y nosotros a su vez, que se quedan en él está seguro de seguir. Sabemos que el final de la historia, la victoria es nuestra, y de la resurrección y ascensión de Jesús es la prueba de nuestra victoria con él.
¿Como vivimos como personas que se cambian radicalmente? ¿Vivimos más como una gente victoriosa o un pueblo derrotado? Cuando vivimos como pueblo victorioso, somos capaces de superar, como lo hizo Jesús. Nos elevamos por encima de chismes y lenguaje malicioso, nos elevamos por encima de egoísmos, y todo temor y duda. Nos elevamos por encima de nuestras culpas y tentaciones, sabiendo todo el tiempo que es Jesús, el Señor Resucitado que está sentado en el trono de la gloria de Dios que lleva a cabo toda buena obra en nosotros. Ese primer vistazo a mi sobrina me cambió, y aún más lo hace la simple mirada del amor de Dios nos cambia completamente con la resurrección y ascensión de Cristo
|
|